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marzo 04, 2017

La alternancia: Rara Avis

La alternancia: Rara Avis

Dómina. Por: Esther Quintana Salinas.

La alternancia fecunda el suelo de la democracia. Winston Churchill.

José María Aznar, el expresidente de España decía que hay dos cosas a considerar para concretar la alternancia en el poder: tener la voluntad de cambiar las cosas y claridad acerca de lo que se quiere hacer, porque: “…no se llega al Gobierno para heredar y ponerse a flotar. Se llega al Gobierno con el deseo de cambiar las cosas”.

También expresaba, que frente a la posibilidad de la alternancia se debe hacer “…un cambio inteligente. No se debe cambiar lo que está bien sólo por el hecho de que no lo hicimos nosotros”. No son palabras al viento, es sustantivo que no se pierda de vista, toda vez que la alternancia en Coahuila está a la vuelta de la esquina, y sería muy lamentable que no ocurriera así.

Don Héctor Gros Espiell, distinguido jurista y Vicepresidente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos y antiguo Relator de las Naciones Unidas sobre Libre Determinación de los Pueblos expresa que: “La alternancia en el Gobierno es un elemento esencial de la democracia (porque) la continuidad indefinida en sus cargos del o de los mismos titulares del Ejecutivo, aún en el caso hipotético de que ello sea el resultado de un pronunciamiento electoral libre del pueblo, sin coacción ni fraude, es un factor distorsionante para la democracia… porque el continuismo indefinido genera peligrosos elementos personalistas y autocráticos que afectan negativamente la existencia de una democracia real”.
Y comparto absolutamente lo que dice porque lo que ha venido sucediendo en Coahuila, deviene precisamente de esa permanencia indefinida. Una de las más graves consecuencias es que en nuestro Estado no existe la división de poderes, aunque así se establezca en la ley, y por ende no existen contrapesos para el Poder Ejecutivo, cuya preeminencia sobre los otros dos, nos convierte en ejemplo contundente del despreciable presidencialismo, lo que acarrea corrupción e impunidad. Esta es nuestra historia de manera sintetizada.

Por otro lado, el ideal democrático es que los gobiernos sean electos por el pueblo, pero aquí quien los elige es el abstencionismo, aliado absoluto del voto cautivo con los que el PRI se ha mantenido gobernando por más de ocho décadas, y si a esto le suma los votos que se anulan como sinónimo de protesta, pues estamos aviados. Y aún hay más, porque en el fondo lo que constituye la FUENTE de este desapasionamiento por todo cuanto se vincule con política y poder, es la AUSENCIA devastadora de CIVISMO. Puesto así, se explica con claridad meridiana, que el pueblo soberano —nomás de nombre—  se convierta en un mero instrumento de ratificación de “más de lo mismo” ad perpetuam.

No hay forma desde esta perspectiva, que la cosa pública en Coahuila sea diferente. Y esta circunstancia para nada fortalece a nuestra enteca y deteriorada democracia.

La continuidad indefinida en el poder, como ocurre en Coahuila, es posible gracias al entramado perverso de privilegios, clientismo, complicidades para el grupúsculo de aliados incondicionales del régimen, y la amenaza y la dádiva de migajas a las clases menos favorecidas económica e intelectualmente.

Sin ejercicio LIBRE de la voluntad al ejercer el voto, es imposible concebir una verdadera alternancia que tenga sentido en el Estado Democrático moderno. En Coahuila hoy, es urgente, imprescindible y necesaria.

Se trata de una invitación a liberar al sufragio de ataduras políticas y que al momento de depositarlo en las urnas se piense en lo que es BUENO para la sociedad de la que uno es parte.
Tantos años en el poder por lo mismo y haciendo lo mismo, deteriora la eficacia y la eficiencia de las instituciones públicas, se convierte en caldo de cultivo ad hoc para el abuso y para que crezcan a sus anchas la corrupción y la impunidad, y todo esto en perjuicio directo de la comunidad, y esto significa alejarse en el día a día, más y más, de alcanzar el BIEN COMÚN.

Es tiempo de hacer cuentas y de exigir que se asuman errores sin odios y sin llantos, nada más con firmeza. Coahuila merece esa oportunidad. Debemos abrirle espacio a un derrotero distinto, quienes lleguen tendrán que demostrar en los hechos que es genuino el compromiso de ejercer el poder en favor de los gobernados, y de limpiar la casa de TODOS a fondo y de frente. La alternancia es un instrumento de gobernabilidad democrática, usémoslo a nuestro favor.

Estamos conscientes que el voto es libre y voluntario, que nadie puede obligar a nadie a sufragar de manera obligatoria, pero también tenemos el deber de actuar cuando estamos viendo —y pagando las consecuencias— que los intereses que vienen favoreciéndose desde hace más de ocho décadas en Coahuila, no son los de Coahuila.

En el caso del PAN, si el voto favorece el advenimiento de la alternancia, el reto, como bien lo expresara Luís Felipe Bravo Mena en otro momento, pero que nos viene como anillo al dedo en este, será “no convertirnos en una lastimosa caricatura de nuestros adversarios”.